Universo

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martes, 5 de junio de 2018

Fragmentos gnósticos de "Manú, por el Hombre que vendrá" de M.S.



Fragmentos gnósticos:

158. Una suerte de Robot, de Máquina Cósmica, un Golem, que ha perdido el control y ha intentado crear por su cuenta, “a su imagen y semejanza”. Aconteciendo algo así como si sobre una bella pintura de Leonardo se hubiera sobrepuesto una monstruosidad de Picasso. De modo que la existencia de todo el Universo mecánico, de la materia visible, sería una mala copia hecha sobre una hermosa tela original por un plagiador satánico.
159. Contra estas huestes demiúrgicas deberá combatir el Héroe. Además deberá luchar contra los seres que el Demiurgo creara, los robots genéticos, los “repliegues psíquicos” de Jehová.
160. El día en que todos los Dioses sean liberados y redimidos por el combate de los Héroes, el Demiurgo desaparecerá para siempre, tocado por su propia destrucción, en el Big Crunch de su propia inspiración mecánica, inevitable, devorado por su hambre; o bien, succionado por la Implosión Divina.
161. La Guerra ha descendido a la corteza terrestre, y ya no se irá más. El Demiurgo necesita de sus emanaciones y hedores para alimentarse.
162. Las religiones, las prácticas esotéricas, las yogas dela India post-védica han pretendido encontrar una solución en el aniquilamiento del “yo”, por medio de ascetismos y tormentos de todo orden, para volver a fundirse en el Alma impersonal, universal, en el Uno, en Brahma, en lo indiferenciado, en eso que también han llamado Dios. Generaciones de ascetas y de santos cristianos han trabajado en la destrucción del “yo”. En la India son los vedantinos de Shankaracharya y los yogas Bahktis, valiéndose del Samadhi, que en sánscrito significa, precisamente, “unido con el Ser Primordial”, como ya hemos dicho.
Este camino y concepción deberán partir del supuesto de que el “yo” es una caída, que la personalidad es un “pecado”, que hay que corregir, redimir. Y hasta cierto punto tendrían razón, en el sentido de que el “yo” y la individualidad nacen como algo único en todo el Universo, y, quizás, en todos los Universos; algo impensado, jamás soñado y que ha sido hecho posible por la encarnación de una Divinidad, de un Ser de espíritu puro, en el mundo de la carne, corrupto por el Demiurgo.
163. Habrán derrotado la estrategia del Demiurgo, redimiendo y transfigurando solidariamente a la Naturaleza, a los Aiones, en especial a Saturno-Satanás, destruyendo a Jehová-Jahvé, disolviéndolo en su Nada.
164. La mayor parte del mundo se halla hoy perdida en una animalidad sin retorno. Y la verdad es que al Avatara esto no le preocupa ya. El número de los héroes que se fueran con El han dado casi cumplimiento al Destino, Ellos ya no están aquí, se salieron. Sólo los pocos prisioneros que aún puedan liberarse importan.
165. El sexo es la corrupción de Kundalini, la punta visible de su Iceberg, arma poderosa del Demiurgo. Obliga a algunas yoginis tántricas a la actualización de su cognocimiento, con el deseo de poseer su poder y alcanzar la sublimación de su cuerpo por ese Fuego, al cruzar por sus llamas, atravesando por su hoguera transmutante. Aceptan su karma. Esa herencia genética particular de su cuerpo, o predestinación biológica que las impulsa a perder la virginidad física, debiendo cognocer el orgasmo físico, para no perderse en la prosecución de su Destino de Sacerdotisas del Sol Negro y de la Religión de A-Mor.
Deberán, por ello, ser despertadas a la vida del sexo físico y del placer orgásmico, únicamente por su A-Mado. O en su defecto, o ausencia, por el Inca en Machu Picchu, por el Hierofante, o por el Maestro. Mas, nunca sin A-Mor. Para luego cicatrizar la herida, pudiendo retornar en un esfuerzo supremo a la castidad, a la virginidad mágica, que no ha sido perdida, alcanzando un estado orgásmico continuo, de tipo sobrenatural.
Es éste el Camino Húmedo del cognocer femenino, el Camino de las Lágrimas y de la Mano Izquierda de la Iniciación Tántrica. Sólo para algunas Sacerdotisas-Magas de la Orden Negra.
Pero también existe el Camino Seco, de la Mano Derecha, de las Walkirias que no requieren del paso doloroso del despertar y cognocer del sexo físico ni de sus alteraciones profundas, de sus fuegos y tormentos. Esas mujeres divinas llegan aquí por un muy corto tiempo, como liberadas de antemano, de regreso, debiendo alcanzar por otros medios, aun cuando siempre por A-Mor, ese estado de orgasmo continuo y permanente del alma, más allá del orgasmo físico, que nada deja.
166. Tampoco el cristianismo judío cree realmente en supervivencia de ninguna clase, aunque diga y predique lo contrario, afirmando una absurda inmortalidad del alma para todos (como si todos tuvieran un alma). El cristianismo es la más malvada de todas las religiones conocidas, realizando su ansia desmesurada de poder material por medio de la hipocresía y el engaño, siendo sus dignatarios los verdaderos “fariseos”, en el más estricto sentido que ellos han dado a este vocablo.
La inmortalidad no es democrática ni colectiva. Sólo pueden alcanzarla conscientemente los de origen divino, en un Combate aristocrático, en una Guerra muy dura y en la que muy pocos vencen.
167. La yoga tántrica es un camino surcado por peligros mortales, por el filo de una espada. El Sadahka y su Yogini deberían practicar el Maithuna una sola vez y tras larga preparación “idealizante”. Luego se alejarán, separados y unidos para siempre, como Hombre y Mujer Absolutos. Mago y Maga. Existen dos caminos tántricos, el de la Mano Derecha y el de la Mano Izquierda: Dakshinadhara y Vamagara. Ambos llevan al mismo fin, aun cuando el segundo podría personalizar mayormente, más luciferinamente, por los mayores dolores y combates, por los peligros mortales a que expone al oficiante, o iniciado Kaula. Equivalen estas disciplinas a los caminos “Seco” y “Húmedo” dela Alquimia.
168. El héroe re-nacido se ha hecho inmortal con un cuerpo glorioso, de Vajra, de materia indestructible.
169. Es éste el proceso de la idealización mágica de la mujer, que ha sido desacralizada en este mundo por el amor vulgar y profano. Es una “platonización” necesaria para recuperar el Eterno Femenino, para “constelar su Arquetipo”, del Anima, antes del sacrificio último y decisivo del sacramento que en la Misa Tántrica cúmplese en el Maithuna, y en la Iniciación Caballeresca y de los Trovadores en el Asag.
170. Mas, antes de la separación deberá cumplirse un último ritual de esta maravillosa Iniciación: el Intercambio de Corazones. Significa dar un Rostro al alma, porque el rostro de la amada queda grabado en el shakra Anahatha, del Corazón. Se lleva a cabo por un beso profundo, intenso, en que Ella espira (y expira) dentro de El (muere místicamente en El) y El en Ella.
171. Es en la lucidez suprema del Maithuna, o del Asag, en el orgasmo interior, extático, en ese estado orgásmico permanente, continuo, de todo el ser, en la Implosión que viene a significar la reabsorción, la reversión hacia dentro de Bundi, de la eyaculación seminal depositándose en el mar de la propia sangre, donde se alcanza el éxtasis supremamente lúcido, la super-conciencia del Kaivalia, que nada tiene que ver con el sueño del Nirvana, con la pérdida del Samadhi, ni con la inmersión en el Inconsciente Colectivo, ni con el cambio del centro de la individualidad hacia un punto equidistante entre la conciencia y lo inconsciente, que sería el Selbst de Jung. Es el Kaivalia, algo diferente, es el éxtasis tántrico, un estado máximo del Yo, refortalecido por el fuego y la luz radiante del Purusha, que ha venido a cruzar de parte a parte, derrotando al Arquetipo, incapaz ahora de disolver el Yo del Héroe, vencedor del Maithuna y del Asag, transmutado en Dios consciente de Sí Mismo, individuado, personalizado, con el Rostro de la A-Mada, además del Suyo propio.
172. Es en la Albedo, u Opera Blanca dela Alquimia, que continúa a la Nigredo, donde el Yo retorna, resucita. Mas lo hace como Rebis, como la Estrella Venus, de doble rostro. Ha pasado ya por la Muerte Mística de la Nigredo, voluntariamente aceptada y propiciada. Y es el Cuerpo Resurrecto del Héroe, al tercero o noveno día, el mismo cuerpo, sólo que sutilizado, debiendo revestirse de una materia roja, inmortal, en la Rubedo, que sigue a la Albedo; materia “dura como el diamante”, aunque invisible a los ojos de la tierra y que en sánscrito han llamado Vajra. Es este el Cuerpo de la Resurrección del Taoísmo y del Kristianismo Esotérico. Se ve como rojo, sutil, pero es duro como el rubí, como esas estrellas Novas, o esos soles que se han desplomado sobre sí mismo, en el Sí-Mismo, se han hecho enanos, pero pesan más que todo el Universo. Esa “materia” la obtiene el Mago Kula, como premio en su transmutación kaiválica. Y será con ese Cuerpo con el que el Héroe inmortalizado, el Asen, pueda salir de este Universo demiúrgico, liberándose por siempre de su prisión, derrotándolo. Se ha salido, además, del Eterno Retorno, hacia “algo jamás soñado ni por los más grandes utopistas”… Y en la tumba del Mago taoísta no se encontrará un cadáver, sino una Espada, símbolo de su triunfo y resurrección en Vajra.
173. Quien logró salirse dela Prisión demiúrgica, venciendo, se halla en el Nirvana, en Sunya, algo semejante al Vacío, pero que en verdad es el Yo Absoluto. Todos los conceptos del budismo han sido traspolados y falseados. Como hemos dicho, Buda fue un guerrero de la casta Shastriya, de los príncipes, y en nada parecido al santón pacifista y antirracista en que la India vedantina y dravidia, la India mestiza, lo ha transformado, al paso de los milenios. Si el Liberado vuelve, es un Avatara. Lo hace a voluntad, para ayudar a los camaradas que aún permanecen prisioneros, los de su misma estirpe, que han sido envueltos por las redes de la Maya demiúrgica.
174. Este mundo se espiritualizará sincronísticamente con el triunfo del Héroe.
175. Jehová y su Golem se aniquilarán, dentro de su Universo automatizado, junto con la sociedad de las hormigas, que ellos propician. Será el fin del Kaliyuga.
176. He aquí algo diabólico, espantoso, una involución que ya parece imposible de poder detener. Estudiando las abejas, las hormigas, en especial la vida—si así se pudiera llamar— de las termitas, nos espantamos pensando dónde podría llegar el hombre, los animales-hombres, y junto con ellos los Viras prisioneros, los Dioses involucionados. Allí se acabó toda individualidad y hasta la inteligencia y libertad personales. Sólo hay trabajo continuo, reproducción y muerte. Sacrificio obligado y miseria de muchos para la infelicidad de todos. Al final, alimento del Demiurgo. Mas, ¿habrá sido siempre así en las termitas? Se presiente también allí como una inteligencia inicial, que alguna vez fue, como un primer impulso que planificó esa organización perfecta, tal vez de un solo individuo, o de una élite, que luego desapareciera, perdurando nada más que el automatismo. Es posible que las termitas, las hormigas, las abejas, en muchos millones de años, en otros Manvantaras, hayan sido también Dioses, seres divinos, hechos prisioneros por el Demiurgo, involucionando en lo que actualmente son.
177. El Demiurgo no podrá impedir la Resurrección del Héroe, pues carece de fuerza y capacidad en contra del Espíritu.
178. El Héroe tendrá que marchar por el filo de la navaja, venciendo al sexo físico y sobrepasando al pensamiento racionalista, antes de poder alcanzar el Continente sumergido de la Atlántida, la Hiperbórea recuperada, descubriendo las entradas a la Tierra Hueca, interior, en los Oasis dela Antártica, o en el Monte Melimoyu. Tendrá que resucitar el cerebro antiguo para reencontrar el conocimiento de las Runas y el Poder Odil, que lo llevarán al triunfo y a la Resurrección, mutándose en Hombre-Absoluto.
179. Un gran Jefe Guerrero, el depositario de la tradición, del Espíritu de una comunidad de sangre. Pero Manú es una Divinidad que vuelve al reiniciarse un nuevo Ciclo de la Manifestación, a encarnarse otra vez en el hombre. Viene como Legislador y Padre de una Raza-Raíz. (De allí el “Código de Leyes de Manú”). Y es un hombre, una Divinidad hecha hombre; es el hombre que vuelve, “que vendrá” después de la catástrofe, del Crepúsculo de los Dioses y los Héroes, en el Eterno Retorno. El Avatara ha cerrado un Ciclo, un Gran Ciclo, en este caso; Manú viene a abrir un nuevo Manvantara. Y entrega sus Leyes. Nosotros, los que hemos luchado junto al Ultimo Avatara, debemos ahora combatir hasta el final por el Hombre que Vendrá, que retornará algún día, por Manú, para que la esperanza de derrotar definitivamente al Demiurgo no se pierda, dando fin al Eterno Retorno. Será, así, una nueva posibilidad, un nuevo Ciclo recurrente de la Lucha, cuando otra vez un Dios desciende (un Divya, Wotan) para dividirse en toda una tribu, en una raza, en un ejército, tras haber roto su Huevo primigenio.
180. Nuestra Lucha es en más de un plano, como lo fuera la de los Dioses, nuestros ancestros, que llegaron aquí a combatir. Es simultánea, solidaria, “sincronística”. Porque nosotros somos esos Dioses que descendieron al pesado y tenebroso mundo del Demiurgo, para tratar de arrebatárselo. Seguiremos sus ejemplos, aun cuando veamos oscurecerse cada vez más el horizonte.


Miguel Serrano.

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